jueves, 2 de agosto de 2012

ATREVERSE A CAMBIAR



No siempre somos dueños de nuestro destino. Digo no siempre porque a veces nos sentimos atrapados en obligaciones, trabajos que nos requieren muchas horas de nuestra vida, responsabilidades que nos cansan.
Sabemos que todo esto no contribuye a nuestra salud, sin embargo no encontramos salida. 
Encarar un cambio es resignificar nuestra historia. Es plantarnos frente a lo que nos desequilibra y tratar de encontrar una solución que restablezca la paz que buscamos.
¿Por qué nos cuesta tanto? ¿Son los miedos a perder ciertas seguridades o a abandonar nuestra torre de control o una posición lograda ?¿ O la dificultad para abdicar a una promesa de responsabilidad asumida sin haber medido todas sus consecuencias? ¿O simplemente la pereza de buscar otro camino?
Quizás es una cuestión de actitud, actitud interna diría, esa que se produce muy adentro nuestro cuando sentimos que algo no va más y soltamos las sogas que nos atan a ese delirio. Es plantarse en la proa de un barco y sentir los nuevos vientos que nos golpean la cara, y al respirar hondo esas ráfagas de aire renovado poder generar un espacio interior que reciba una nueva oferta.
Y la vida nos sorprende, y mucho. Nos trae soluciones no buscadas, impensadas, que prometen, que renuevan, que entusiasman. Solo es cuestión de soltar, de confiar, de creer.

Mária 

SANANDO HERIDAS



 Es recordar haber amado
sin recibir un duro golpe en el vientre
Es respirar sin las tensiones
de los sollozos reprimidos
Es tener la garganta libre
de un gran nudo de tristeza
Es salir de la larga incubación
del sufrimiento.
Es nacer a un mundo nuevo
hasta ahora insospechado.
Es ser capaz de vivir solo
sin sentirse abandonado.
                 (Jean de Montbourquette)


Cuadro de Aimé Morot "El Buen Samaritano" (Musée de Beaux Arts-Paris)