viernes, 18 de octubre de 2013

CUANDO NOS MOSTRAMOS VULNERABLES

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Hay muchas formas de vivir. Y de eso se trata, de poder ir descubriendo cual es la nuestra. Pero cuando la encontramos, es difícil evitar querer convencer a quien nos quiera escuchar de cual es nuestra fórmula. Y es lógico, porque es tan intenso lo que se siente y tan certero que es complicado poder ocultarlo.
Si de ser vulnerables se trata, hay mucho para hablar, pero quizás no todo valga la pena. Para mí ser vulnerables es poder mostrarnos con todo lo que nos atraviesa. Que no siempre es lo más lindo, lo más puro, ni lo más atractivo. Pero sí es lo más verdadero.
La vida me ha puesto una vez más a prueba, frente a lo más débil que tenemos, nuestra salud. Ella no depende ni de nosotros, ni de los médicos ni de nadie. Solo depende de Dios y lo que él desee de nosotros. Pero más allá de eso, cuando ella está en juego, y sobre todo cuando de un ser muy querido se trata, el suelo tiembla, y sentimos que perdemos el equilibrio que nos sostiene. Y a lo mejor también empezamos a caer en un pozo sin fondo. Hay que reconstruirse. Y es ese estado, el que nos hace ubicar las cosas en los estantes, en orden de prioridad, poniendo adelante los libros con más sabiduría y atrás lo de las cosas mundanas, prácticas pero no tan fundamentales. El fondo se hace figura, y qué figura!!!
Mostrarnos o no mostrarnos, quizás sea esta la cuestión. Compartir, pedir, implorar o vivir en silencio nuestro dolor. Quizás sea bueno elegir un intermedio. Tiempos de retiro, de reflexión, de intimidad, donde podamos aprender un poco más quienes somos para reubicarnos, rearmarnos, redescubrirnos.
Pero también momentos de abrirnos a lo más infinito que existe, que es el amor que surge cuando dos personas se encuentran sin máscaras, sin escudos, sin defensas.
El milagro se produce en la mirada, en los gestos, en el recuerdo, en los silencios, en la prudencia, en la presencia, en la ayuda, en el misterio insondable de la oración y sus efectos.
Para el que cree, y por què no, para el que no cree, Dios se hace presente, invade, pacifica, dá esperanza, agranda el corazón, infunde paz, ayuda, confianza. El ego se hace fondo, y la presencia de Dios Amor, presente en nuestra familia, amigos, médicos y paramédicos nos serena y nos hace HOMBRES. Êsta es mi forma de vivir, y la comparto.
 
 GRACIAS A TODOS POR ESTOS DIAS DE TANTO AMOR.

Mária







viernes, 19 de abril de 2013

PERDONAR, UNA FORMA DE SANAR HERIDAS


 
Todos, una o muchas veces en la vida, hemos sentido que se han cometido injusticias con nosotros o nos hemos sentido víctimas de una situación que no hemos buscado. Quizás guardamos rencor en el fondo de nuestro corazón, un sentimiento que no nos deja tranquilos. Las escenas se repiten y a veces se paralizan frente a nuestros ojos y, por más que queremos, la voluntad no es suficiente para curar esas heridas.
Perdonar es un proceso que lleva tiempo y dedicación, abriéndonos a poder ver con detenimiento todos aquellos factores que provocaron el suceso. En este ir y venir del pasado al presente podremos sentir bronca reprimida, soledad, incomprensión, injusticia y muchos otros sentimientos que quizás por educación familiar o religiosa no pudimos expresar en su momento.
Pero nunca es tarde para poder, con distancia, repercibir los hechos comprendiendo las causas que lo provocaron. El enquistamiento en esa imagen congelada no nos permite vivir el presente y crea en nosotros una caparazón inmensamente dura que nos aleja cada día más de quien verdaderamente somos, irrumpiendo en nuestras relaciones actuales que quizás no logran comprender la razón de nuestro accionar.
Perdonar no es olvidar, no es justificar, no es recomponer relaciones, pero si es comprender, reparar y decidir que haré de ahora en más con esa persona y con mi propia vida, en relación al hecho que nos enojó.
Pero no siempre el hecho de comprender el comportamiento abusivo que sufrimos nos libera automáticamente del trauma, el desvalidamiento y el miedo que experimentamos en el pasado. Es necesario poder liberar todo aquello que quedó preso en nuestros músculos y en nuestra psique, que por no haber podido expresarse se fue transformando con el tiempo en enfermedades que llegan a ser crónicas. Y es así como aparecen comportamientos que se instalan en nuestra vida y que se convierten en formas de ser tristes, coléricas, indiferentes o abusivas, simplemente por proteger ese núcleo dañado de nuestro ser.
El trabajo sanador del perdón requiere coraje. Solo será posible encontrando un lugar donde podamos comenzar a animarnos a expresar y sentir esa rabia y culpa acumulada, lo que de a poco nos ayudará a sanar esas heridas  que nos impiden vivir en paz.
                                                               Mária Berardi
PROXIMO TALLER: EL PERDON, UNA FORMA DE SANAR HERIDAS. Ver info arriba a la derecha