jueves, 25 de agosto de 2011

PEQUEÑO HOMENAJE A PARIS Y A LA AMISTAD




¡Feliz quien, como Ulises, ha hecho un largo viaje, 
igual que aquél que conquistó el toisón,
y ha regresado, sabio y lleno de experiencia,
para vivir entre su gente el resto de sus días! 

¿Cuándo volveré a ver, ay, de mi pequeño pueblo
humear la chimenea, y qué estación será
cuando vea de nuevo el jardín de mi pobre casa,
que es para mí todo un reino, y mucho más aún?

Amo más la morada que erigieron mis abuelos
que de los palacios romanos las soberbias fachadas,
más que el mármol duro amo la arcilla fina,

Más mi Loira galo que el latino Tíber,
más mi pequeño Liré que el alto Palatino,
y más que el aire del mar la dulzura angevina.


Poema de Joachim Du Bellay (extraído del blog de mi amiga Mireya Viacava)




Me resuenan hoy estos versos, golpeando a mi puerta con sentimientos de nostalgia por lo que ya fue.
Intensos seis años en París desfilan en mi memoria, hilando las historias que tejieron la urdimbre de nuestro tiempo allá. Nos fuimos, porque el destino se presentó así. Todos las razones que pongamos son incompletas, porque la verdad es que hemos hecho un largo viaje que superó las expectativas que nos movieron a partir.
Y vienen a mi memoria los últimos días , cuando ya alojados en un hotel y con las valijas atiborradas con las cosas de último momento,  decidí vestirme de turista y  recorrer París por última vez como residente.
Tomé la línea 6 del metro que cruza el Sena . Una vez más admiré la Tour Eiffel con perspectiva. La miré de la misma forma que lo hacía cada vez que pasaba por ahí. Era el símbolo que me traía a la realidad en el sueño que creía estar viviendo. Llegué a mi barrio y al bajar en la estación Boissière las flores del negocio de la esquina me recibieron en todo su esplendor.
 Mis pasos fueron calmos a lo largo de sus calles, tratando de estampar en mi memoria cada rincón. Ya no era lo mismo entrar en el supermercado Casino y pagar mis compras  sin cargar mis puntos a la carte de fidelité. Ya no era lo mismo pasar por la poste de la Rue Lauriston sin entrar a despachar una carta o buscar una encomienda que habíamos recibido. Ya no era lo mismo pasar por la peluquería de la Rue Saint Didier sin levantar la mano para avisar  a Micheline que al día siguiente iría a cortarme el pelo. Ya no era lo mismo llegar a nuestro departamento en la Rue Cimarosa y en vez de entrar... tener que seguir de largo. 
Caminé, caminé ,caminé hasta cansarme. Llegué al puente que cruza a la isla Saint Louis, ese que tantas veces había atravesado cuando iba a visitar a mi amiga Evelyne que vivía ahí. Me paré una vez más para mirar Notre Dame en su mejor vista. Era la tarde ya y los rayos anaranjados del sol de un pronto otoño, le daban un aspecto especial. Un bâteau mouche  me arrancó de mi ensimismamiento con su bocina. Ese ensimismamiento que no me era desconocido. No había duda, el regreso era inminente.

Muchos me han preguntado por qué volvimos y yo ,con solo mirarlos a los ojos, les he respondido:
Porque como Ulises hemos hecho un largo viaje para regresar más sabios. 
Hemos vuelto porque extrañábamos el rancho, el fuego en la chimenea, la magnolia en flor, la foto de mis ancestros, el calor de la amistad y el inconfundible abrazo de nuestros hijos. 


Dedicado a nuestros amigos Connie y Marcelo del Blanco en vísperas de su regreso A CASA.

viernes, 19 de agosto de 2011

GIVERNY

A la hora de visitar París, la mayoría de la gente programa llenarse el día con visitas a los museos, monumentos, parques y el clásico Versailles. El resto del tiempo serán dedicadas a "flâner" por las callecitas empedradas y enroscadas de sus barrios.
París es una ciudad que tiene de todo y para todos. Una enorme variedad de actividades culturales, con fabulosas exposiciones de lo que uno quiera, hasta montón de bistros y cafecitos perdidos por ahí, donde uno puede pasar un rato más que agradable charlando con un amigo.
Pero no siempre en un viaje de pocos días ,y más si es la primera vez, tenemos tiempo de conocer sus alrededores, donde especiales rincones de sus pueblos nos invitan a soñar y trasladarnos a otros tiempos.
Uno de estos lugares es Giverny, el pueblo donde vivió Monet durante gran parte de su vida. Aquí se encuentra su tumba en un pequeño cementerio agarrado a la colina. http://giverny.org/gardens/
Para llegar a Giverny es bueno prepararse animicamente. Por lo tanto sugiero que antes leamos algo sobre el movimiento impresionista y sus consecuencias en el arte y, por sobre todas las cosas, también nos informemos sobre quien fue Claude Monet.http://es.wikipedia.org/wiki/Claude_Monet
A la mañana ni muy tarde ni muy temprano, nos dirigimos a la Gare Saint Lazare en el 8 ème y ahí compramos un boleto de ida y vuelta (allée-retour) a Vernon. El viaje dura más o menos 45 minutos o una hora. Al llegar a este pueblo, que vale la pena también recorrer, saldremos de la estación y enfrente nos espera un pequeño bus que nos lleva a Giverny. Si alguno es más osado, puede alquilar una bicicleta y recorrer siete kilómetros , adorados kilómetros hasta llegar a lo de Monet.
Giverny es un pueblo de pocas casas, todas de piedra. La mayoría se encuentran a lo largo de la calle principal. Muchas de ellas se han convertido en ateliers de artistas,  los que podemos visitar, conocer y por qué no entablar una pequeña amistad de un día. Todos son muy amables y nos están esperando para ayudarnos a apreciar sus obras. En uno de estos lugares se encuentra un artesano de la miniatura. Nos quedaremos boquiabiertos al ver los interiores de ambientes que arma con sus manos, utilizando mil chirimbolitos ridículos que encuentra por ahí.
La casa de Monet se encuentra enfrente a la playa de estacionamiento. Para visitarla se requiere de tiempo, no porque haya mucho para recorrer, simplemente porque hay mucho para disfrutar. Su casa es mágica y a medida que camino por sus pasillos y sus ambientes me da la sensación que escucho las voces de Claude y su familia en escenas cotidianas. No se puede sacar fotos, pero creo que eso es lo más encantador que tiene porque así no nos distraemos.
 Luego de recorrerla saldremos al jardín. Un enorme jardín con la variedad más impresionante de flores nunca vistas. Los sentidos se activan y no solo el olfato y la vista, sino también el gusto, porque se me hace agua a la boca al ver tanta belleza. Te dan ganas de probarlas!

Siguiendo un poco más el sendero cruzamos la ruta por un túnel y llegamos al jardín japonés, donde Monet pinto sus nenúfares. Esta reproducción de un jardín oriental es la demostración acabada de la sensibilidad extrema de un hombre que amo la naturaleza y, tanto fue así ,que ella misma lo invitó a dejar la forma de pintar clásica para hacerlo en el exterior y en forma rápida poder atrapar los efectos de luz . Parecía que las criticas que sufrió este movimiento no le hacían mella, porque su obra no paró hasta sus últimos días. Recorremos los senderos alrededor del estanque y nos vamos deteniendo en cada rincón ,un poco escondido, para disfrutar del paisaje. Recuerdo la primera vez que fui. Estaba sola. Ningún turista. Que placer! Porque estos lugares sin turistas son diferentes. Pero desgraciadamente ya no logramos encontrar muchos sitios que  nos regalen un rato en soledad. Todo debe ser compartido y a eso hay que atenerse. Por eso he aprendido a abstraerme y me interno en mis propios silencios para escuchar lo que la naturaleza me quiere decir.
Al terminar nuestro recorrido entramos al gran atelier donde hoy se encuentra el shop de recuerdos. Muchos me dicen que es un atentado al arte. No sé si es así, pero a mi me fascina. Siempre salgo con algo en la mano, un regalito para alguien, un recuerdo para mi.
Enfrente al estacionamiento hay un negocio encantador, donde también podremos disfrutar de ese refinamiento francés que me derrite el alma. Despues podremos hacer una visita al Museo Americano del Impresionismo, donde muchas veces encontramos exposiciones interesantes, finalizando con un almuerzo en la terraza de su restaurante. No olvidar averiguar los horarios del bus para el regreso a Vernon, calculando bien el tiempo para no perder el tren. Si pueden,antes de regresar a Buenos Aires,  visiten en París el Museo Marmottan http://www.marmottan.com/ y  la Orangerie,http://www.musee-orangerie.fr/ donde podrán apreciar sus nenúfares en todo su esplendor.

jueves, 18 de agosto de 2011

LOS DESEOS




Soñamos con que aquellos que nos rodean adivinarán nuestros deseos, con que ni siquiera hará falta expresarlos. Guardamos silencio. Por pudor, por miedo, por costumbre. O bien pedimos un montón de cosas que no deseamos pero sí necesitamos, de forma urgente e inútil, para llenar no sé qué vacío. ¿Cuántas veces has pedido realmente a alguien lo que querías?





extracto de Eldorado de Laurent Gaudé

martes, 9 de agosto de 2011

SE MIRA Y NO SE TOCA





Como si fuéramos a una joyería, la mirada se detiene con admiración frente a cada rincón del marché de la Av. President Wilson en el 16ème arrondisement de París. Es una exposición a la gloria de la alimentación.
Antes, cuando vivía en Buenos Aires, yo iba a los supermercados y en forma mecánica metía en el carrito, un kilo de tomates, uno de cebollas, un atado de remolacha y porque no uno de rabanitos ,si lo veía fresco. Cuando tenía tiempo abandonaba las góndolas para irme a la verduleria cerca de casa donde la fruta y la verdura siempre eran más frescas. Pero al llegar a París ,me dí cuenta que estos mercados de sus barrios nada tienen que ver con nuestros puestos de verdura y fruta. La forma en que los decoran ,sobre todo en los mercados clasificados como los mejores, requiere de arte y también de amor. Recorrerlos, es un placer.
Dán ganas de elegir minuciosamente entre la variedad de tomates, para después terminar comprando unos ejemplares negros nunca vistos que al comerlos nos deleita el paladar como el mejor manjar. Ni que hablar de los espárragos, los alcauciles, los ajíes y toda la fruta más insólita que alguna vez alguien haya deseado probar. Los gritos de sus vendedores, ofertando lo que queda a precios increíbles cuando llega ya la hora de ir cerrando, me tientan aún más para idear el menú especial que esa noche le ofreceré a mi familia.
Termino en el puesto de flores comprando unas pivoines rosas pálidas para decorar mi comedor.
Todo esto me recuerda que estoy en Francia donde el arte del buen comer ocupa un lugar de privilegio.
Nada de empanadas y pizzas a última hora, puestas sobre la mesa en la misma caja de cartón. Para homenajear a quien hace un mes hemos invitado, es necesario idear el menú, comprar los ingredientes esa mañana en el marché y poner la mesa con nuestras mejores galas. Ni que hablar de la elección del vino, tema que siempre me estresaba a la hora de tener que decidir!
Bon apetit!

ME CREÍA INACCESIBLE




Escultura de la Colometa (Personaje principal del libro La Plaza del Diamante de Mercé Rodoreda)
en Barcelona

Había levantado barricadas en mi corazón
Había embotado mi cuerpo.
Me había alejado de mis emociones.
A veces ese poder sobre mí
me embriagaba, me exaltaba.
Era dueño absoluto de mí mismo,
dueño de mi tragedia,
dueño de mi sufrimiento,
dueño de mi destino.
Era una especie de héroe inaccesible,
un dios insensible.
Mi cabeza guiaba mi vida entera.
Nunca, en esa atmósfera artificial,
me había sentido tan libre.
Pero un día, se resquebrajó mi torre de marfil,
mi rigidez se debilitó
mis certezas vacilaron.
Un gran vértigo se apoderó de mi ser.
Tenía miedo.
Tenía necesidades.
Era pequeño.
Temblaba.
Lloraba.
Adiós nobleza, rígida grandeza, divinidad...,
Volvía a ser humano.

                Jean de Monbourquette
Amar, perder....y crecer

lunes, 8 de agosto de 2011

ATREVERSE



Tironeado por sentimientos encontrados es como surgen los nuevos proyectos. Los proyectos que nos transforman, que nos entusiasman. Pareciera que ocupan un lugar tan grande adentro nuestro que ya no pueden más permanecer ahí. Ha llegado la hora de manifestarse y para eso hay que animarse. De eso se trata, de animarnos. ¿Y cuánto sabemos antes de empezar sobre lo que va a suceder después? Poco y nada. Y ,que raro es eso de lanzarse sin saber lo que nos espera¿ no? Qué raro es eso de atreverse a crear nuestro propio camino sobre sendas compartidas, o sobre sendas recorridas ya por otros, o por sendas totalmente desconocidas, sin sentir miedo, inseguridad y a la vez entusiasmo y confianza en que esto, que sentimos tan profundamente, es posible .A pesar de lo difícil que nos resulte emprenderlo ,esa intuición fuerte que nos estalla en la boca del estómago es el motor para la acción.  Somos así, a veces tan contradictorios, pero soy una convencida que es en ese tironeo entre el deber y el ser, entre el será o no será, entre el puedo y no puedo, donde surgen las cosas importantes de nuestra vida. Es en esa adrenalina que se genera en nuestro interior donde se gestan las grandes cosas que flotan en el universo hasta que alguien se anima a mostrarlas. Están, han sido pensadas, pero con paciencia infinita, esa que a veces nos falta, están esperando su momento. Y el momento ha llegado. Animémonos porque cuando la energía se agita ,lo que se co-crea es más de lo imaginado y por eso nos sorprende, nos maravilla y nos hace crecer.

miércoles, 3 de agosto de 2011

DE FLORES, AVES Y AMOR



SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR
Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?
La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?
¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?
Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!

                                                    Baldomero Fernandez Moreno


Las flores, en la decoración de las ciudades, son un elemento que produce placer. A lo largo de mis años viviendo en París, descubrí que su presencia era de vital importancia en mis estados de ánimo. Recuerdo que después de muchos meses de invierno, durante el cuál  los días cortos y frios acrecentaban un poco mi nostalgia, soñaba con la llegada de la primavera. Ni bien el sol empezaba a asomar parecía que la naturaleza se despertaba y en cada bostezo de sus ´plantas una flor daba el color necesario para que los parques y los rincones escondidos de sus barrios cambiaran de fisonomía. Cada pueblo nos va mostrando su cultura a través de los detalles en los que invierte tiempo y dinero. Una de las formas en que el pueblo francés se expresa es a través de sus flores. Las calles explotan de color, los balcones exigen ser mirados cuando los geranios los decoran y ni que hablar de sus canteros plagados de tonos contrastantes o uniformados dependiendo del deseo de quien los diseñe.
Y me pregunto: ¿Por qué no sucede lo mismo en nuestra querida Buenos Aires? ¿Por qué este verso de Baldomero Fernandez Moreno sigue tan actual, a pesar del paso del tiempo? ¿No les pasa también a ustedes que el pecho se les ensancha cuando los jacarandaes explotan de color? ¿Cuánto tiempo puede llevarnos el cuidado de alguna planta en nuestro balcón? ¿En qué estaremos utilizando el tiempo ?¿ Será que ya no nos interesa amar las  aves, saber de música, de rimas y de amor?

Mária Berardi