martes, 9 de agosto de 2011

SE MIRA Y NO SE TOCA





Como si fuéramos a una joyería, la mirada se detiene con admiración frente a cada rincón del marché de la Av. President Wilson en el 16ème arrondisement de París. Es una exposición a la gloria de la alimentación.
Antes, cuando vivía en Buenos Aires, yo iba a los supermercados y en forma mecánica metía en el carrito, un kilo de tomates, uno de cebollas, un atado de remolacha y porque no uno de rabanitos ,si lo veía fresco. Cuando tenía tiempo abandonaba las góndolas para irme a la verduleria cerca de casa donde la fruta y la verdura siempre eran más frescas. Pero al llegar a París ,me dí cuenta que estos mercados de sus barrios nada tienen que ver con nuestros puestos de verdura y fruta. La forma en que los decoran ,sobre todo en los mercados clasificados como los mejores, requiere de arte y también de amor. Recorrerlos, es un placer.
Dán ganas de elegir minuciosamente entre la variedad de tomates, para después terminar comprando unos ejemplares negros nunca vistos que al comerlos nos deleita el paladar como el mejor manjar. Ni que hablar de los espárragos, los alcauciles, los ajíes y toda la fruta más insólita que alguna vez alguien haya deseado probar. Los gritos de sus vendedores, ofertando lo que queda a precios increíbles cuando llega ya la hora de ir cerrando, me tientan aún más para idear el menú especial que esa noche le ofreceré a mi familia.
Termino en el puesto de flores comprando unas pivoines rosas pálidas para decorar mi comedor.
Todo esto me recuerda que estoy en Francia donde el arte del buen comer ocupa un lugar de privilegio.
Nada de empanadas y pizzas a última hora, puestas sobre la mesa en la misma caja de cartón. Para homenajear a quien hace un mes hemos invitado, es necesario idear el menú, comprar los ingredientes esa mañana en el marché y poner la mesa con nuestras mejores galas. Ni que hablar de la elección del vino, tema que siempre me estresaba a la hora de tener que decidir!
Bon apetit!

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