A veces, cuando llega el diario a casa y lo empiezo a leer, tengo ganas de cerrarlo y no dejarme atormentar por las terribles noticias que ahí encuentro. Me pregunto si es una forma de protegerme o qué, pero la verdad que últimamente he decidido no buscar todo aquello que me haga mal. Mi objetivo es vivir el presente lo más conectada posible y a veces todo lo que nos invade a nivel de información me hace fluir entre los recuerdos del pasado y las imágenes de un posible futuro que aún desconozco, alejándome de lo único que sé con exactitud que es lo que ahora me está pasando. Cuando logro establecerme en mi presente, puedo agradecer o empezar a ocuparme de todo eso que deseo cambiar para vivir mejor.
Pero no todo es tan terrible en el diario que recibo a la mañana, así que no me resigno a abandonarlo y sigo buscando entre sus páginas algo para rescatar.
Tal es el caso del artículo de Ana Maria Llamazares de hoy, en La Nación: "Esa vieja obsesión por controlarlo todo"
http://www.lanacion.com.ar/1505398-esa-vieja-obsesion-por-controlarlo-todo
http://www.lanacion.com.ar/1505398-esa-vieja-obsesion-por-controlarlo-todo
Con solo hacer cliq sobre el site pueden leerlo. Vale la pena.
Y veo con sorpresa que ella nos explica con total claridad esa cruel cualidad que nos invade en este siglo en occidente y que nos ha llevado al lugar donde estamos y del que tanto nos cuesta escapar: la soberbia.
Ese terrible pecado que desde Adán y Eva ha llevado a los humanos a creer que todo lo podíamos hacer a nuestro criterio alejándonos de nuestra dimensión más elevada, aquella que nos conecta con nuestra trascendencia, con el todo del que somos parte. Hemos aprendido a salir a la orilla, a quedarnos ahí mirando como pasa la vida mientras gastamos toda nuestra energía en querer cambiarla.
Hemos aprendido a establecernos en el control en vez de la observación, esa que nos lleva a comprender el porqué de las cosas encontrando el sentido que ellas tienen más allá de lo que nuestros ojos ven. Fluir, esperar, confiar, mientras nos hacemos cargo de los sentimientos y emociones que nos atan y nos alejan del otro en forma desinteresada. Soltar para poder amar de verdad, soltar los miedos, las incoherencias atadas a esos obstáculos que nos hacen rígidos ,inconsistentes, egoístas y que no nos dejan ver más allá de nosotros mismos.
Para terminar un pequeño relato que quizás ejemplifique mejor lo que digo:
Al norte de la India cuando un elefante nace, se lo ata de un pie al tronco de un árbol. El intenta vanamente soltarse de la cuerda durante un tiempo hasta que renuncia a la lucha y acepta estar atado. Al término de algunas semanas continúan dejandole su pie en el aro, pero ya sin estar unido a la cadena ya que el elefante ha interiorizado el hecho de estar atado al árbol. Ni siquiera intenta huir. Hasta el fin de sus días queda prisionero de su creencia y de su hábito, aunque nada lo ate ahora al árbol.
Quizás esto nos sirva a nosotros también para ver cuales son esas ataduras que todavía nos cuesta tanto soltar para aprender a admirar.
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