Pero hay otros límites que tambien son necesarios respetar . Y son los límites de tiempo, ese que se requiere para que el proceso de cada uno madure.
Cuando uno es padre o madre, vé la vida de sus hijos desde su propio balcón, que normalmente está más arriba del que habita su hijo. Y esto nos trae apremio, impaciencia e insolente exigencia de que ellos apresuren sus ritmos, transgredan su propio límite y procedan como nosotros pensamos que deben proceder porque nuestra perspectiva ya es más amplia y supuestamente esto nos trae sabiduría. Ahorrarles el proceso para que no sufran, de eso se trata.
Quizás sin darnos cuenta estamos cometiendo un abuso, el abuso propio del que le cuesta ponerse en los tiempos del otro.
Esto lleva a la rebeldía o al simple, educado alejamiento. Mucha cercanía produce lo que no deseamos: que el otro se aparte para tomar aire, para poder decidir sin influencias, para poder escucharse, para saber encontrarse a si mismo. Algunos necesitan cruzar fronteras, conocer otras formas de vivir, ampliar su mirada y su forma de pensar, porque sus límites se han estrechado tanto que se siente ahogado.
¿Pero qué pasa con nosotros,los padres? ¿Qué pasa con nuestro amor, que por momentos asfixia por temor a perder lo que más queremos? Respetar los límites del otro, respetar los tiempos necesarios para su ir y venir, para probar, para mirar, para comparar, para finalmente elegir lo que cada uno necesita, es un acto de madurez. Dolorosa madurez, la de tener que soportar la terrible aflicción que nos ocasiona ver que un hijo se va, que camina por senderos oscuros, por experiencias peligrosas, frecuentando amistades que nos dán miedo. Ocuparnos de todos estos sentimientos, aceptarlos, abrazarlos, compartirlos pero nunca negarlos es parte del camino propio para poder establecer ese límite que también nosotros necesitamos para no contaminarnos con el proceso ajeno. De esa forma, y a pesar del dolor que este tiempo de prudente distanciamiento nos provoque, lograremos establecer, a la larga, una relación mucho más profunda, sincera y amorosa a partir de la confianza que depositemos en que todo se dará en el momento justo.
Fragmento del monumento "Madre con hijo muerto"" de Kate Kollwitz en el interior de la Nueva Guardia en Berlin

que lindo, me encantó
ResponderEliminarme parece muy inspirador, motivador y me hizo reflexionar...
ResponderEliminarno pierdas esta llama sagrada
Tal cual lo que estas diciendo prima. Despues de aprender a confiar, tambien esta el ver donde hay que poner de nuestra parte, y por experiencia vi claramente que es en el acompañamiento feliz y afectuoso, incondicional...Es decir apuntar a las personas no a su circunstancia. A eso le llamo amor Maria. Ese tipo de amor, se lleva en el corazon como un tesoro mientras estemos vivos!!Lo recibi asi, por eso me gustaria aprender a darlo del mismo modo.
ResponderEliminarOJALA TODOS TUVIERAMOS SIEMPRE PRESENTE ESTA FORMA DE ACOMPAÑAR NO? YO ESTOY SEGURA QUE ES LA IDEAL
ResponderEliminarUN BESO GRANDE